Un reciente estudio publicado en PLOS One ha encontrado una relación entre la forma en que las personas percibimos las emociones de los animales y nuestra disposición a evitar productos de origen animal. Al final, creer que los animales sienten influye en decisiones de consumo. Los resultados sugieren que cuanto más se considera que los animales tienen una vida emocional compleja y auténtica, mayor es la tendencia a evitar productos y actividades relacionados con su utilización.
¿Por qué algunas personas deciden dejar de comer carne, huevos o lácteos, mientras que otras no? Una nueva investigación publicada apunta a un factor que puede tener un papel importante: “la percepción que tenemos de la vida emocional de los animales”.
Dos estudios para analizar la relación entre creencias y comportamiento
La investigación se realizó mediante dos estudios basados en encuestas.
El primero contó con 343 adultos de Estados Unidos seleccionados de forma libre. El segundo incluyó 251 personas que se habían identificado previamente como vegetarianas o veganas. En ambos casos se preguntó a los participantes sobre sus creencias acerca de las emociones de los animales y sobre diferentes comportamientos relacionados con el consumo de productos de origen animal.
Para medir las creencias se utilizó la “Beliefs about Animal Emotions Scale” (BAES), una escala validada que contempla tres aspectos: hasta qué punto se considera que las emociones de los animales son complejas y auténticas, si esas emociones dependen de que el animal se parezca más o menos a los seres humanos y qué importancia moral se concede a esas emociones.
Los investigadores también quisieron evitar depender solo de etiquetas como vegano o vegetariano. En su lugar, preguntaron directamente qué productos de origen animal evitaban los participantes: carne de vacuno, cerdo, pollo, pescado, huevos y alimentos elaborados con leche de vaca.
Mayor consideración por las emociones, menos productos animales
El resultado más interesante para el veganismo aparece en el segundo estudio. En este grupo, las personas que atribuían mayor complejidad y autenticidad a las emociones de los animales también declaraban evitar un mayor número de productos de origen animal. Esta relación se mantenía incluso teniendo en cuenta edad, género y nivel educativo.
La relación no se limitó a la alimentación. Los participantes también respondieron sobre otros comportamientos, como evitar el uso de productos testados en animales, prendas de cuero o piel, artículos con plumas, asistir a determinados espectáculos con animales, visitar lugares que mantienen animales salvajes en exhibición o sobre determinadas formas de control de animales considerados plaga.
En este caso también apareció una asociación: quienes otorgaban mayor complejidad y autenticidad a las emociones animales y quienes consideraban que esas emociones tenían una mayor relevancia moral declaraban más conductas de evitación relacionadas con el uso de animales.
La importancia de reconocer a los animales como seres sintientes
Los resultados encajan con una idea relevante para el veganismo: “la manera en que percibimos a los animales puede influir en la consideración moral que les otorgamos”.
La investigación parte de teorías psicológicas que plantean que nuestras creencias influyen en nuestras actitudes y, posteriormente, en nuestras decisiones. En el caso de los animales, considerar que tienen una vida emocional rica puede favorecer que los incluyamos en nuestra comunidad moral y que mostremos una mayor disposición a evitar acciones que puedan dañarles.
Lo cierto es que el estudio no demuestra que reconocer las emociones de los animales provoque directamente la adopción de una alimentación vegana. Sin embargo, sí encuentra una asociación consistente entre ambas variables, especialmente en el grupo de personas vegetarianas y veganas.
¿Qué papel tienen los animales con los que convivimos?

La investigación también exploró de dónde proceden nuestras creencias sobre la vida emocional de los animales.
En el segundo estudio, la fuente de información considerada más influyente fue la “experiencia directa con animales de compañía”, muy por encima del resto. También tuvieron una valoración relativamente elevada los documentales y programas de televisión, las redes sociales, las clases, la lectura, la experiencia con animales en el trabajo y las propias creencias éticas, filosóficas o morales.
Además, la experiencia directa con animales de compañía y los sistemas personales de creencias fueron las dos fuentes que mostraron asociaciones más claras con una mayor atribución de complejidad emocional y relevancia moral a los animales.
Un resultado llamativo en base a la educación
El estudio encontró asimismo una asociación que los propios autores consideran interesante: en ambas muestras, un mayor nivel educativo se relacionó con una menor atribución de capacidad emocional a los animales en algunas de las dimensiones analizadas. Sin embargo, los investigadores advierten de que este efecto fue relativamente pequeño y que no permite establecer por qué se produce.
¿Significa esto que creer que los animales sienten influye en decisiones de consumo?
Sí, pero no conduce necesariamente al veganismo. Esta es probablemente la principal cautela que hay que tener al interpretar el estudio. Los investigadores encontraron asociaciones estadísticas, pero no demostraron una relación de causa y efecto.
No cabe duda de que es posible que una mayor consideración por las emociones de los animales favorezca determinadas decisiones de consumo. Pero también podría ocurrir que adoptar determinadas prácticas alimentarias modifique posteriormente la forma en que una persona percibe a los animales. Incluso es posible que ambas cosas se refuercen mutuamente. Los propios autores plantean esta posibilidad de influencia bidireccional.
El estudio se realizó mediante encuestas online. Los autores señalan otras posibles variables que no se analizaron, como la religión, los ingresos, la ideología, el lugar de residencia, la convivencia con animales o las experiencias previas con ellos.
Una posible vía para reducir el uso de animales
A pesar de estas limitaciones, el estudio aporta una perspectiva interesante para comprender por qué algunas personas deciden reducir o eliminar el consumo y utilización de animales.
En el grupo de vegetarianos y veganos, las creencias sobre la complejidad y autenticidad de las emociones animales fueron un predictor significativo tanto de la evitación del consumo de productos de origen animal como de otras conductas relacionadas con el uso de animales. En conjunto, las variables estudiadas llegaron a explicar algo más del 25 % de la variación en las evitaciones alimentarias declaradas.
Los autores señalan que, si futuras investigaciones experimentales confirmasen que existe una relación causal, una comunicación basada en la evidencia sobre la capacidad emocional de los animales podría convertirse en una herramienta para promover cambios de comportamiento.
El estudio nos dice que la decisión de dejar de utilizar animales puede estar relacionada no solo con las ventajas nutricionales o los beneficios sobre el medio ambiente, sino también con la forma en que entendemos quiénes son esos animales y qué experiencias pueden tener.
La investigación no demuestra que cambiar la percepción vaya a convertir automáticamente a una persona en vegana. Pero sí añade evidencia a una cuestión fundamental: la consideración que otorgamos a la vida emocional de los animales está relacionada con la manera en que decidimos consumir y relacionarnos con ellos.
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El estudio al que me refiero es este: Kisley MA. Beliefs about animal emotions are associated with self-reported consumer behaviors related to animal use. PLoS One. 2026 Jul 29;21(7):e0354794. doi: 10.1371/journal.pone.0354794. PMID: 42525663; PMCID: PMC13419194.
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