Qué frena a las jóvenes a reducir la carne

Dieta vegetal: qué frena a las jóvenes a reducir la carne

Un nuevo estudio publicado en la revista Appetite analiza por qué muchas mujeres jóvenes siguen consumiendo carne a pesar del creciente interés por la alimentación vegetal. La investigación, realizada con mujeres de entre 18 y 24 años en Escocia, concluye que la transición hacia dietas más vegetales no depende solo de la información, sino de factores mucho más cotidianos: precio, costumbre, identidad y practicidad. Ahora te cuento qué frena a estas jóvenes a reducir la carne.

El trabajo, titulado “Plant-based diets among young women in Scotland: ‘Unless it’s affordable, convenient, healthy, and familiar, it’s a no’”, fue llevado a cabo por Cristina Stewart, Tess Davis y Esther K. Papies, y se basa en entrevistas en profundidad a 30 mujeres jóvenes.

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La carne como norma social

Uno de los hallazgos más claros es que el consumo de carne está profundamente arraigado en la cultura y el entorno social. Familia, amistades y redes sociales refuerzan la idea de que los platos con carne son “lo normal”. Lo normal es una de la enes que explican los motivos mayoritarios por los que las personas comen carne y que desarrolló Melanie Joy en su libro Por qué amamos a los perros, comemos cerdos y usamos vacas: una introducción al carnismo. Muchas participantes expresaron sentirse más seguras con recetas tradicionales que incluyen carne, mientras que los platos vegetales les resultaban desconocidos o poco atractivos.

Plant-based, sinónimo de ultraprocesado

Qué frena a las jóvenes a reducir la carne

Un dato que llama la atención es que la mayoría de las jóvenes asociaban el término “plant-based” exclusivamente con sustitutos de la carne (hamburguesas vegetales, nuggets veganos, etc.), es decir a ultrapocesados. Además rechazaban estos productos a causa de su precio elevado, ante las dudas de si eran sanos o no, por el sabor y por la percepción negativa asociada a la identidad vegana. Sin embargo, apenas mencionaron alimentos vegetales esenciales como legumbres, cereales integrales o verduras como parte de una transición a un dieta vegetal.

El precio manda

El coste fue el principal factor que determinaba las decisiones alimentarias. Aunque la carne se percibía como cara, también se consideraba un “gasto necesario”, especialmente por la creencia de que es imprescindible para la salud. Las preocupaciones ambientales, en cambio, tuvieron menos peso en la toma de decisiones, y muchas participantes mostraron un conocimiento limitado sobre el impacto climático de los alimentos.

Todo o nada: el peso de la identidad

Otra conclusión relevante es que reducir la carne se percibía como un cambio radical de identidad. No se veía como una reducción progresiva, sino como un paso hacia “hacerse vegana”. Los estereotipos negativos asociados al veganismo actuaban como barrera incluso para pequeñas reducciones en el consumo de carne.

¿Qué implica esto para el futuro?

El estudio concluye que, para facilitar el cambio hacia dietas más vegetales, los alimentos de origen vegetal deben presentarse como asequibles, prácticos, saludables y familiares. Además, los autores señalan que probablemente se necesiten cambios más amplios en el sistema alimentario y en la comunicación institucional. En lugar de centrar el mensaje únicamente en el medio ambiente, podría ser más eficaz enfatizar los beneficios para la salud de aumentar el consumo de alimentos vegetales integrales y reducir la carne.

¿Qué podemos aprender en España?

Aunque el estudio se realizó en Escocia, muchos de los patrones descritos son extrapolables a España: la carne sigue siendo el centro cultural de la dieta, el precio influye decisivamente en la compra y el veganismo continúa cargado de estereotipos. El mensaje de estudio es claro: la transición hacia dietas más vegetales no se va a lograr solo con argumentos éticos o ambientales. Según sus conclusiones parece clave normalizar platos vegetales tradicionales, económicos y sencillos —como legumbres, guisos o arroces— y alejarlos de la idea de que son una opción “radical” o exclusiva.

Y algo que no hay que olvidar es que los cambios se producen al ritmo que necesita la persona que los lleva a cabo, esta es la clave para que se puedan mantener en el tiempo e incorporar en la vida diaria.

Aquí puedes encontrar el estudio que cito: Cristina Stewart, Tess Davis, Esther K. Papies, Plant-based diets among young women in Scotland: ‘Unless it’s affordable, convenient, healthy, and familiar, it’s a no’, Appetite, Volume 220, 2026, 108442, ISSN 0195-6663, https://doi.org/10.1016/j.appet.2026.108442.

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