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¿Por qué lana no? (II)

En la primera parte de ¿Por qué lana no? nos centramos en lo que ocurre con las ovejas y su miserable vida como superproductoras de lana. También adelantamos que escribiríamos una segunda parte para tratar el maltrato que sufren otros animales a los que les quitan su lana o pelo. El caso más cercano a las ovejas es de las cabras de Angora y el de las cabras de Cachemira a las que se esquila para conseguir el mohair, y el cachemir (o cashmere en inglés) y también las pashminas. Seguiremos con un tercer post sobre este asunto en el que trataremos lo que ocurre con los conejos, las llamas, las alpacas o las vicuñas.

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Antes de explicar lo que les ocurre a las cabras para que los seres humanos tengan prendas de mohair, cachemir o pashmina. Vamos a definir lo que es cada uno de ellos, por si tenéis dudas al respecto.

Mohair | Según la RAE es la fibra textil natural procedente del pelo de cabra originaria de Angora, actual Ankara, en Turquía; se caracteriza por ser una fibra de color claro, marrón o negro, muy brillante. Una segunda acepción es la siguiente: tejido suave, fabricado con mohair o con una mezcla de mohair y lana u otro tipo de fibra. «el mohair puede ser un tejido de invierno, grueso y con pelo largo muy fino, o de verano, de menor grosor y brillante».

Cachemir | Según la RAE es un tejido hecho con lana de cabra de Cachemira (territorio situado al oeste del Himalaya) o con otra lana similar.

Pashmina | Según el Diccionario del Español Actual es un tejido hecho con pelo de una cabra del Himalaya.

¿Qué hay detrás del mohair?

Según explica PETA, la mayor parte del mohair del mundo se origina en Sudáfrica y Estados Unidos (especialmente Texas). Allí se crían las cabras de Angora, que comienzan a esquilarse dos veces al años, desde los seis meses de su nacimiento. Una investigación de la organización en doce granjas de Sudáfrica mostró como «los trabajadores arrastraban a las cabras por los cuernos y las patas, las arrojaban por el suelo, las mutilaban e incluso degollaban a las que estaban plenamente conscientes».

Entre los prácticas habituales y crueles que sufren las cabras están: identificarlas perforándoles las orejas con pinzas; con una o dos semanas, les quitan los cuernos quemándolos con una plancha caliente o aplicando una pasta química cáustica, lo que hace que se froten o se rasquen la cabeza con dolor, lo que puede desembocar en quemaduras o ceguera si pasa a la piel o los ojos -así ocupan menos espacio en los corrales y comederos. A los machos se les extrae los testículos con anillos de goma lo que les ocasiona infecciones. Todo esto se realiza sin paliar el dolor de ningún manera.

Cuando las esquilan las cabras sufren dolor y terror, al igual que en el caso de las ovejas, los esquiladores no cobran por horas, sino por volumen, así que realizan su trabajo con prisas y sin tener en ningún momento el bienestar de las cabras. Esto implica que, además de estrés, las cabras sufran heridas que según la investigación de PETA eran cosidas sin ningún cuidado y medida de higiene. Mientras que a las que ya no eran rentables, las dejaban morir agonizando; las mataban rompiéndoles el cuello; eran degolladas allí mismo o bien eran trasladadas al matadero.

El esquilado les quita su protección natural. Las cabras son muy sensibles a las bajas temperaturas y a los parásitos internos y tienen altas tasas de mortalidad si se les deja sin refugio después de la esquila -algo habitual. Muchas mueren de neumonía, por infecciones o deficiencias nutricionales.

La esperanza de vida de estas cabras es de unos 10 años, pero cuando dejan de ser útiles para la industria porque no se pueden reproducir, por enfermedades o cuando llevan varios años siendo esquiladas y han reducido la calidad de su pelo o la tasa de crecimiento son enviadas al matadero donde se venden como carne -cuanto más aumenta la demanda de mohair, más aumenta la demanda de su carne- o pueden ser sacrificadas por su piel que sirve para confeccionar alfombras o ropa.

¿Qué hay detrás del cachemir y de la pashmina?

Las cabras de Cachemira de las que se obtiene el cachemir y la pashmina viven principalmente en China y Mongolia. Estos animales tienen poca grasa en el cuerpo y su pelo las protege de las difíciles condiciones climáticas. En este industria se esquila en pleno invierno, en el momento en el que más necesitan su lana para sobrevivir, ya que las temperaturas bajan hasta los 40 grados bajo cero.

Una cabra de cachemira produce entre 80-170 gramos de fibra por año, por lo que una cabra tardaría aproximadamente cuatro años en producir suficiente pelo para hacer un suéter. Estas cabras no se libran de sufrir el mismo maltrato que sufren las de Angora: les quiten los cuernos, los castran o les perforan las orejas sin ningún cuidado ni anestesia. Las que tiene imperfecciones o ya no son productivas acaban en el matadero.

En el mercado cada vez existen más alternativas a la lana y respetuosas con el medioambiente: algodón orgánico o reciclado; lyocell o tencel que procede de pasta de madera; cáñamo; bambú o r-PET, material creado, a partir de plástico reciclado.

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